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jueves, 21 de junio de 2012

CHINCHIMONI


Mi abuelo me enseñó a jugar al chinchimoni con la sonrisa pícara de siempre. Me ganaba a cada jugada y, entre victorias pírricas, me mostraba cómo era el juego. En sus manos llenas de mar escondía las monedas y se llevaba el puño a la espalda. “¿Cantas levo?”, me preguntaba.

A veces, era yo quien acertaba. Entonces, él me acariciaba el pelo mientras se apresuraba a retarme de nuevo para llevarse la última baza. Por mucho que fuese su nieto, a él siempre le ha gustado ganar y yo seguía jugando incansable disfrutando de lo que durase su paciencia.

Mi abuelo sabe de derrotas como todos los que han vivido y han luchado. Últimamente se le están yendo las fuerzas y no tiene ganas de juegos. Sólo quiere cerrar los ojos, un buen rato, como todos los que ya han vivido.

jueves, 3 de noviembre de 2011

GAMELA VERDE


Lo mejor de sumergirse en el mar es el sonido sordo que la presión ejerce en los oídos. Ese sonido cautiva a todo el que se deje llevar por la voz del océano. Se oyen más los roces que los ruidos. Hurgar con la palma sobre la arena provoca un festival de decibelios y la huída de alguna despistada acedía.

Aquel verano sólo el mar reconfortaba las ideas y pasiones de un joven que se desvivía por una chica de ciudad, con familia y apellido. Con mirada altiva y cuerpo esbelto. Con rubios cabellos, barco atracado y patrón de yate. Un hombre que nunca se ganó la vida en el mar y coleccionaba las ánforas antiguas que los lugareños le ofrecían como obsequio.

Había un mundo entre el joven de pueblo y la chica de ciudad. Ella se bronceaba en la proa del yate. Se zambullía cuando el calor más apretaba. Se peinaba en cubierta al atardecer para que su pelo se mantuviese bello como su rostro. Disfrutaba de las vacaciones con aire despreocupado. Él se endurecía las manos con las cuerdas y las redes. Se embadurnaba del olor a tripas del pescado que arribaba a puerto. Se ennegrecía la tez tras horas de trabajo mientras la salitre se le incrustaba en el alma. Ella nunca se fijó en él. Él jamás la olvidaría.