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martes, 12 de junio de 2018

CHIRINGUITO



Hay rocas lisas, esculpidas por el mar, en las que poner el pie es una caricia de salitre  y firmeza. Otras, en cambio, están plagadas de pequeños moluscos que raspan la piel como la piedra pómez. Pero las más peligrosas de todas son las que viven cubiertas de algas verdes y resbaladizas. Pisar una de ellas es un billete seguro al suelo.

Crecer sobre estas rocas es una fortuna. Deslizarse a cada rato como un saltimbanqui, sólo con un traje de baño por ropa y con la piel salada y tersa por el mar, la arena, el sol y la brisa. Las tardes se alargan eternas hasta la noche y los escarpones, pescados con la mano y un berberecho abierto, reposan en un cubo de juguete. Ansiosos por la llegada de la noche cuando serán  liberados.

martes, 8 de mayo de 2012

ESTIÉRCOL


Creíamos que al navegar por Internet nadie sabría qué estábamos haciendo hasta que un día consultaron nuestro historial de navegación. Descubrimos que podía borrarse y pensábamos que ya estábamos ocultos hasta que nos percatamos de que se podía rastrear nuestra dirección IP. Luego descubrimos la localización por móvil y que la policía podía intervenir todos nuestros mensajes de correo y redes sociales con una orden judicial. Fue entonces cuando nos percatamos de que, para no ser visto, había que vivir offline o, simplemente, ser un mierda. Si te llamas George Clooney o José Bono quizás interese saber qué páginas webs visitas, en qué tiendas online compras o qué amigos tienes en tus redes sociales. Pero si eres un mierda, ¿a quién le importa lo que hagas? La única forma de vivir oculto en la red es no ser nadie, es ser un mierda.