Bajas al chino, que te vende un litro de whisky fuera de horario, sin rechistar. Regresas y te sientas en tu silla de Ikea, sobre tu pareo del todo a cien, desnudo, soportando el calor frente a tu ordenador Sony. Enciendes el portátil y te metes en Youtube. Tecleas cuatro letras y ya sale el título de tu canción preferida. Te pones los cascos que te aíslan de todo (hasta de tus gritos desentonados que tanto molestan al vecino). Escancias dos dedos de líquido sobre tres hielos en forma de puzzle. Das las gracias por la globalización y te sientes más afortunado que el más satisfecho de los usuarios del Jess Extender. Has vuelto (aunque no sabes de dónde).
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lunes, 16 de agosto de 2010
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